en el internet.

En la computadora since 1998

Se dice “en el internet” o “en internet”? Me suena gramaticalmente correcto el primero pero qué se yo, ya estoy quemada de tanta gramática.

El otro día estábamos hablando con Manu y se nos ocurrió googlearnos. Mon Dieu. Tengo años de historia que aparecen y perfiles que ni sabía que tenía, un montón de fotos, stills de videos en youtube, fotos de perfil, fotos de mi hechas por amigos, fotos de amigos hechas por mi, editoriales que publiqué, ilustraciones, artículos… mi vida está en la web y no sé cómo me siento al respecto.

En estos últimos años, hice la distinción de mi vida privada y mi vida “pública”. No sé, cuando era chica y descubrí el internet, pensé que era el cuaderno perfecto para poder crear un registro de mis días, de las cosas que pensaba, de las cosas que podía hacer y de alguna manera ser conocida en algún lugar o por algo. Vengo de la generación que tuvo internet recién a los 12 o 15 años y que jamás pensó que alguien podría trabajar en internet, vivir de internet o hacerse conocido por estar en internet. La computadora era simplemente un divertimento más. La web era donde la gente anónima podía buscar más sobre la gente conocida en los medios tradicionales, porque los anónimos seguíamos siendo anónimos.

Cuando mi tío se compró una cámara digital, empecé a hacer videos y fotos que más tarde aprendí a editar con tutoriales en youtube y algunos los subía. Mi primero fue una respuesta a mi canal favorito del momento, Community Channel, calidad 2008 editado con Windows Movie Maker. Después seguí haciendo videos, pero nadie sabia ni tampoco los compartía. Casi al mismo tiempo empecé mi primer blog en blogspot y se llamaba wanda in wonderland, no mucho más que un juego de palabras que tenía que ver con mi nombre y ponía fotos de harry potter o escribía sobre algo que normalmente habría escrito en mi diario, sólo for the sake of all the modern is digital. Internet era el espacio que yo usaba para expresar todo lo que socialmente no estaba bienvenido en el so called “mundo real” (hoy es cool ser artsy y mostrarse, pero antes no lo era niñes. Trust me on this one, I’m an artist AND a millennial). Fueron estos momentos los que marcaron la transición de ser una mera espectadora de cosas para reconocer que yo también podía a empezar a (como se popularizó decir hoy) crear contenido para internet.

Como chica autoproclamada “rara” para su entorno ( ese cliché de “Not like other Girls” se siente fuerte: siempre me sentí un poco incomprendida por leer mucho, porque escuchaba bandas que no le gustaban a nadie, porque me gustaban los videojuegos y no tenía nada en común con nadie), Internet era mi lugar para descubrir gente y grupos con los que teníamos cosas en común. Mi inglés era al fin más que una herramienta para un “futuro CV”, era la puerta de acceso a todo lo que había online, una especie de inmersión en una cultura donde la mayoría del contenido estaba en inglés y podía ser consumido por cualquier persona desde cualquier lugar del planeta con una conexión a internet . Eso me llevó a darme cuenta que el mundo no era mi barrio ni las únicas personas eran los chicos de la escuela.

Me acuerdo hacerme un AIM (algo así como un chat de AOL) y no tener a nadie para agregar. Nadie en mi colegio usaba eso, así es como llegamos al MSN. Mi gran compañero para poder charlar con gente que era de mi círculo pero que no hablábamos quizá en los pasillos de la escuela (o en la iglesia, pues cuando era niña scout iba a la iglesia- larga historia, te la cuento otro día-y teníamos 14 años, éramos todos unos boludos que no nos animabamos a hablarnos en persona). Creo que con el chat empezó el idioma del internet, con emoticones y zumbidos y cortar palabras. JAJAJ AH RE CARITA RUBORIZADA. Quién iba a pensar que después todos íbamos a usar ese idioma hablando? El Ah Re y el reírse diciendo LOL siempre fueron mis preferidos. Recuerdo que el combo del momento era MSN+Fotolog, el último siendo una especie de álbum de fotos virtual al cual no me acuerdo si usé mucho, ya que no era muy amiga de las selfies. Aunque no fue muy relevante, porque cuando llegó Facebook, todo se mudó allá. La primera vez que abrí facebook fue en 2009 y lo cerré porque me enojaba pensar en publicar cosas por likes (Oh Wanda, if you’d have known…) Although, jamás olvidaré las conversaciones en los muros jaja RIP facebook. Anyways, en 2011 me vi forzada a abrirlo de nuevo porque el curso de ingreso de la universidad se comunicaba ahí y desde entonces lo usé bastante hasta que todo se mudó a Instagram.

Mi lugares favoritos de internet eran mi blog del momento, Flickr y Tumblr. Puedo decir que internet me hizo confirmar que yo quería hacer algo que tuviera que ver con lo audiovisual y en consecuencia dejé la carrera de Publicidad y me fui a estudiar fotografía. El internet me dio más de lo que yo podía pedir: una fuente infinita de inspiración, de mentores, de ideas para remixar o de estilos para explorar. De alguna manera sentí que no había nada que no pudiera hacer y que todo estaba al alcance de ser compartido, de ser visto.

Cuando tenía 19 encontré un trabajo en Craigslist por internet. Para los que no saben, Craigslist es una especie de clasificados en inglés que está disponible para las ciudades más grandes del mundo. Literal, mi primer trabajo 1 (privilegios?) como estilista de un fotógrafo que venía de afuera a hacer producciones para revistas de moda. De ahí empecé a convencerme que internet podía ser una puerta de entrada para trabajar, mucho más amigable que buscar avisos en el diario u otras fuentes tradicionales (me siento tan vieja diciendo eso como vos leyéndolo), y empecé a mostrar mi trabajo. Al poco tiempo me encontraron de una Galería en Londres y me invitaron a exhibir para su programa de verano una foto que había hecho para mi clase de Fotografía de Autor y que según me contaron, la encontraron en una web con mi nombre. Ahí entendí el poder que tenía subir cosas a un lugar donde cualquiera podía verlo.

La foto que *casi* me lleva a Londres.

Siempre me rebelé contra muchas estructuras *lo dice con orgullo*, por lo que para mi trabajar en un lugar fijo 8 horas simplemente no me parecía una opción: sentía que me cortaba las alas de viajar y moverme. Así que cuando me di cuenta que había gente trabajando desde cualquier parte del mundo con una conexión a internet, mi gran ego dijo “si todos estos pueden, obvio que yo también”. No era mucho el qué quería hacer sino el cómo lo quería hacer: iba a trabajar de algo y mi única condición era que fuera remoto. Y como Internet era la fuente de la cual podía beber, conseguí mi primer trabajo de traducción para una empresa en México y dije chau a la oficina. Obvio, después vino la frustración de trabajar de algo que no me gustaba y, palabras más, palabras menos, volví al amor de mi vida para hacerlo funcionar: el arte.


Por una web que se llamaba Couchsurfing empecé a conocer gente que viajaba por Buenos Aires. Nos encontrábamos a charlar y a pasear por lugares turísticos y no tan turísticos (una vez una chica francesa y yo terminamos comiendo empanadas en Parque Chacabuco? Must see si vas a BA). Cuando un argentino encontró mis videos en youtube, me invitó a unirme a un grupo de Nerdfighters (así nos llamábamos, gracias por tanto Vlogbrothers) y ahí conocí gente que me invitó a unirme a un Slam de Poesía, donde me sentía muy bohemia, escribiendo poemas y sacando fotos. Por los eventos de Facebook encontré fiestas re pequeñas, que en los últimos años que viví allá se hicieron cool (hola PM Open Air y Alucination), donde conocí más gente que conocía a gente que necesitaba una fotógrafa. Así pegué varios laburos de fotografía – y alguna que otra cita con algún pibe que estaba dando vueltas por el país. Mi vida social empezó a expandirse yay! Estos eventos eran la perfecta descripción de “nos conocemos en persona y complementamos la idea de quiénes somos por lo que vemos en internet” y no al revés.

Yo en una Pm Open Air destilando aires hipsters.

Me atrevo a decir que si no fuera por Internet, mi vida amorosa tampoco hubiera sido lo mismo. Así como el boom de los mensajes gratis de Personal en el 2008 hizo que yo me pudiera mandar mensajes con los scouts que les conté al principio *cringe al escribir esto último*, Facebook me dejó incursionar en mandar mensajes con gente a la cual no tenías que pedirle el número. “Agregar como amigue” y empezar a dar likes era sinónimo de chamuyarte a alguien online. En momentos donde mi tiempo se iba en trabajar y estudiar, Apps como Tinder me dieron la chance de conocer gente sin tener que salir activamente a “conocer gente”. Cuando digo “gente” me refiero a esas personas que jamás me hubiera cruzado en la vida y tener relaciones de todo tipo: un mes de amor, una noche de sexo casual, una tarde de juntarse a tomar un café (adivinen cuál de las opciones abundó). Esta App en particular no sólo me dio el heartbreak más grande de mi vida y me hizo descubrir una parte de la sexualidad (de mi sexualidad) que no conocía, sino que también me hizo sentir que yo no era nada especial, dejándome claro que sólo era una foto más dentro de un catálogo de selfies y por eso podía ser descartada en cualquier momento-pero esta crítica la podemos abordar en otro ensayo-. Y obvio, sin internet jamás hubiera quedado en contacto con la amiga en común que me presentó a quien es hoy mi futuro marido.

soy una mujer de pocas palabras para conquistar (?

Al irme de viaje, Internet funcionó como mi cuaderno de relatos, mi lugar donde guardar fotos y me convertí en esa extranjera que conocía gente local en Couchsurfing para descubrir la ciudad o encontrar un lugar donde dormir. Tener mi celular en la mano, con internet, era casi tan importante como tener plata en el bolsillo y mi pasaporte: sin internet no sabía a dónde ir, no podía comunicarme con quién me iba a alquilar una habitación o no tenía a mano un ticket para subirme a un bus. La comunicación con amigues y/o familia se hizo vital a través de internet, tanto que si no contestaba los mensajes unos días o no me veían online, se preocupaban. Pero algo que sentí (siento) al viajar fue la posibilidad de desconectarme : el sólo tener internet cuando había señal de Wi-Fi era algo que pocas veces había experimentado y de ahí en más, cuando visitaba un país nuevo, me negué a comprarme un chip para tener internet3.

Al aventurarme a vivir en otro país, y más específicamente en otro continente, Internet es la herramienta por la cual puedo estar en contacto no sólo con mis seres queridos, sino también con mi cultura. Ver videos de Argentina, escuchar la música, hasta hacer talleres online! Encontrar lugares donde puedo conseguir yerba y alfajores son cosas que no me imagino hacer sin recurrir a internet.

Yo viajera en algún lugar de Valle Sagrado, Cusco, Perú.

Fue gracias a tener acceso a internet que ideas que hubieran quedado en mi cabeza encontraron una casa y razonaron con gente que de otra manera no hubiera tenido contacto con ellas. Fue con Rebelde (2012-2015), mi último y más relevante blog hasta la fecha, que conocí lo que después se convertiría en la cultura influencer: si alguien me hubiera dicho que postear fotos de mí usando ropa que me gustara, me llevaría a trabajar con marcas, ser invitada a fiestas cool (o“caretas”) y al mismo tiempo coordinar un team para las producciones de fotos, no lo hubiera creído. Ese proyecto me dio tanta experiencia de trabajo y de vida, como me quitó las ganas de seguirlo: el “vender” tanto una imagen de quien era, me hizo llegar a preguntarme si de repente había dos de mi. La yo IRL (In Real Life) y la yo del internet, dicotomía que aparece seguido en mis reflexiones desde entonces2

Tuve Instagram desde que la app era sólo para iOS (ah tan cheta) pero no fue hasta 2018 que lo vi como una herramienta para compartir mi trabajo de ilustración, combinándolo con la ocasional foto de comida o más personales. Ahí encontré un espacio donde era fácil que la gente te encuentre y se pudiera comunicar conmigo en un comentario o en un mensaje privado. Por ahí llegaron unos primeros clientes, por ahí descubrí otros artistas, eventos, comunidades, ferias donde vender mi trabajo y hasta por la misma plataforma organizar una juntada para dibujar en cafés4. En 2019, compartí con la comunidad de Instagram el proyecto del newsletter que me desconcertó: había gente afuera que le gustaba lo que hacía, que se sentían identificados con lo que yo escribía y con lo que estaba pasando en mi vida en ese momento. 2020 trajo no sólo una pandemia sino una posibilidad de crear cosas para acercarnos entre nosotros: proyectos como el newsletter, el club del descanso, mi blog, mis videos de youtube y mi Podcast pudieron encontrar esa conexión con un otro, cosa que no hubiera sido posible si la web no hubiera democratizado5 estos espacios para que todos pudieramos habitarlos.


En mis notas de cuando empecé a escribir este ensayo en Febrero de este año, subrayé:

quiero volver a usar internet para documentar lo que pasa fuera de internet y no vivir simplemente en el internet.

mis notas, febrero 2021, mi casa (ah re)

Este intenso recorrido de ver mi vida en internet, que empezó con la curiosidad de buscar un lugar donde pertenecer, casi 15 años más tarde sigue siendo eso mismo. Desde buscar documentar mi vida siendo no sólo para registrarla, pero también para compartirla hasta buscar un lugar donde trabajar ( o un trabajo que quisiera hacer), Internet es mi sala de juegos y experimentaciones para el fin último: crear una conexión con personas. Creo que todos los proyectos que hice fueron pensados para ser mostrados y al mismo tiempo plantaron semillas de habilidades que hoy son claves para mi trabajo. No sabría editar podcasts ni videos si no fuera por esos primeros videos que hice para youtube, haciendo parodias de canciones que grababa con esos micrófonos que se conectaban a la compu. No hubiera incursionado en nutrir mi escritura de mi vida personal si no fuera que descubrí blogs que contaban la vida de otros en primera persona. Flickr y Tumblr me dieron el empujón que necesitaba para convencerme en estudiar fotografía. Y bueno no voy a repetir cada paso, pero así más o menos con todo. Mi paso en el internet me trajo a donde estoy hoy.

Y es hoy que la pandemia nos hace sentir que la vida pasa en internet: trabajando desde casa, teniendo zoompleaños, clases online. El internet es sin duda alguna una herramienta que cobró fuerza, pero nuestra realidad sigue siendo la que creamos offline. La que pensamos cuando nuestras pantallas están apagadas, la que vemos cuando salimos a caminar, la que escribimos en nuestros cuadernos con una lapicera, la que rescatamos de las interacciones con personas (aunque sean a través de un video). No sé si esto es una nueva normalidad, pero creo que el internet es todavía esa casa para las cosas que queremos compartir y mostrar.

Esas cosas que pasan sólo fuera de él.


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1-Tenemos un episodio con Manurro hablando de nuestros primeros trabajos en nuestro podcast Biergarten. Este no lo incluí en el podcast porque nunca me lo pagaron- no trabajen gratis chiques.
2-Este es un tema que exploré más en profundidad en 2020 en mi newsletter titulado “Mi yo real y mi yo de internet”
3- Esto lo hice hasta 2018, pero la realidad es que en Europa, perdida en las calles de Berlin, no tener datos y depender de la señal de Wi-Fi hizo la experiencia muy poco disfrutable. Ya creo que esto no es muy práctico hoy en 2021.
4-Fines del 2018 organicé una juntada para dibujar en un café a través del proyecto Ilustrando Café.
5-La palabra “democratizar” tomemosla con pinzas: aún en 2021, momento cuando escribo esto, hay millones de personas que no tienen acceso a internet porque ni siquiera tienen acceso a agua corriente. Recordemos que tener internet es un privilegio de clases que tienen cubiertas las necesidades básicas.

*Este ensayo fue escrito sin lenguaje inclusivo porque básicamente todavía me cuesta utilizarlo en textos extensos. Work in progress, gracias por entender, vuelva pronto!

Published by Wan

Creative Human Being http://wanraitelli.de/hellothere

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